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UTOPÍA CONTRA DISTOPÍA

Algo que me llamó mucho la atención es que ambas obras de la etapa distópica de George Orwell, 1984 y Rebelión en la granja, comienzan como utopías y acaban evolucionando en forma de novelas distópicas. Otra novela a la que le ocurre lo mismo es a Un mundo feliz de Aldous Huxley, que es contemporánea a las obras de Orwell, pero sí que es verdad que un poco anterior.

El concepto de la palabra utopía proviene del griego y significa “ningún lugar” o “lugar que no existe”. Una visión utópica es una visión idealizada y perfecta de la sociedad. En una utopía todos los elementos de la sociedad funcionan de manera ideal, es decir un utopía sería un mundo feliz (que se note la referencia), donde no hay guerras ni desigualdades y donde todas las necesidades de cada individuo están satisfechas. Sin embargo, la naturaleza del hombre y su ambición, nos ha demostrado a lo largo de la historia que siempre vamos a querer más, nunca vamos a estar completamente satisfechos. Esto ha llevado en numerosas ocasiones a que el concepto de utopía haya sido un gran tema de debate: ¿es realmente posible o es más bien una misión suicida?

El término fue acuñado por el filósofo inglés, Tomás Moro, con su obra llamada Utopía publicada en 1516. En esta obra Tomás Moro relata la historia de un viajero, Rafael Hythloday, quién visita una isla llamada Utopía situada en el Nuevo Mundo. En esta isla, el viajero se encuentra una novedosa forma social y de gobierno totalmente diferente a la del siglo XVI en Europa. Esta sociedad utópica que Moro presenta como superior, se caracteriza por cuatro importantes aspectos:
1- Gobierno y justicia: En Utopía, hay un sistema de gobierno basado en la igualdad y la participación ciudadana. No existe la propiedad privada y todas las decisiones importantes se toman en asambleas populares.
2- Economía: Se practica la agricultura comunitaria y el trabajo manual es valorado. Los bienes son compartidos equitativamente y no hay dinero ni comercio.
3- Educación y religión: La educación es un aspecto importante en la sociedad utópica, y todos los ciudadanos reciben una educación integral. La tolerancia religiosa es fundamental, y se permite la libre práctica de diferentes creencias.
4- Igualdad de género: Hombres y mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades. Las tareas y responsabilidades se comparten equitativamente entre ambos sexos.

Esta obra tuvo una gran influencia tanto en el pensamiento utópico, como en la literatura en general. No obstante, Tomás Moro no fue el fundador del pensamiento utópico. El pensamiento utópico lo encontramos ya en Platón y su concepto de la “justicia perfecta”, según el filósofo de la antigua Grecia, hay un concepto establecido de justicia perfecta, al que todos debemos de aspirar.
Si algo está claro es la intención de Tomás Moro, con su obra Utopía, que era nada más ni nada menos que criticar a la Europa del siglo XX a través de el elemento utópico: presentando una sociedad ideal que no tenia nada que ver con la actual. Y es que George intentó hacer lo mismo con sus dos obras distópicas 1984 y Rebelión en la granja. Sin embargo, Orwell intenta criticar a la Europa del siglo XX mediante el elemento distópico, el cual definiremos a continuación.

La distopía es una representación de la sociedad muy negativa, opresiva y totalmente deshumanizada. Se caracteriza por la injusticia social, el sufrimiento y la falta de libertad. Normalmente, las visiones distópicas tienen un gobierno totalitario que: restringe los derechos y libertades, crea una desigualdad social extrema, hay una opresión política totalmente desequilibrada, la expresión individual desaparece y hay una gran cantidad de propaganda falsa y manipuladora. Los temas que suelen ser abordados son: el abuso de poder, la pérdida de identidad y la resistencia frente a la opresión. Es decir, frente al poder.

Lo que acabo de describir definiría a la perfección el sistema de  Rebelión en la granja u obras como: 
-Un mundo feliz: donde los ciudadanos están drogados y viven gracias a la felicidad que les aporta el “soma” mientras están siendo adoctrinados, sin ni siquiera saberlo.
-1984: donde se les prohíbe a los ciudadanos tener cualquier tipo de sentimiento, ya que el “Gran Hermano” le está observando constantemente y tienen que acatar sus reglas. Aquí incluso les están cambiando el idioma y cualquiera que parezca salirse de la norma es ejecutado.
-El cuento de la criada: esta novela distópica es posterior, de 1985, y está escrita por Margaret At Wood. Aquí debido a la baja tasa de natalidad, las mujeres fértiles son consideradas como criadas y son enviadas las casas de los comandantes, altos cargos del gobierno. Allí sufren violaciones hasta quedar embarazadas ya que su misión es la de engendrar hijos.

De hecho, si reflexionamos un poco sobre esta dualidad entre utopía y distopía, nos daremos cuenta que no es ni por asomo algo novedoso, sino que se remonta incluso al Evangelio, donde encontramos por un lado esa idea del cielo: una idea utópica de un mundo ideal, lo que definen como el “descanso eterno” donde todo el mundo es feliz y todo el mundo vive en paz y en armonía.
En el mismo Evangelio encontramos también esta idea del infierno, que se opone directamente con el cielo y nos presenta una idea distópica de un mundo difícil de habitar y las personas que van allí, están “condenadas al castigo eterno”.


Como he mencionado al comienzo de la entrada, las obras distópicas de Orwell comienzan con la idea utópica que desencadena en una distopía. Y esto ocurre con el comunismo. Karl Marx presenta una idea del comunismo (en su ensayo utópico El manifiesto comunista) que aparte de ser utópica, es la que él quiere y la ve factible, pero con un cambio en la sociedad. Sin embargo, los líderes de la Unión Soviética entre ellos Stalin (nuestro amigo Napoleón), convertirán esta utopía en una de las grandes desgracias del siglo XX la Unión Soviética y su genocidio.
La otra tragedia que marca Europa en el siglo XX también es una idea utópica que acaba evolucionando a un régimen distópico. Esta sería la utopía de Hitler sobre la “raza pura” y su inevitable final en un genocidio mundial, dejando a su paso millones de judíos asesinados y una Guerra Mundial.


Poniendo estos ejemplos del siglo XX me he encontrado a mí misma reflexionando sobre cuál sería esa utopía que acabarían en distopía de nuestro siglo, el siglo XXI. he llegado a la conclusión de que la gran utopía de nuestra era es la idea de abolir el cambio climático o al menos de frenarlo, porque igual que al comunismo de Karl Marx se opusieron partidos capitalistas y la monarquía y demás burguesía, a la idea de frenar el cambio climático se oponen multinacionales que hacen negocio de esta crisis climatológica y gobiernos también generalmente capitalistas, que ven la oportunidad de sacar beneficio económico. Como resultado distópico, lo que nosotros estamos experimentando, están siendo la desaparición de fauna y flora, el crecimiento del nivel del mar, sequías extremas y la contaminación a la que nos exponemos diariamente al vivir en las ciudades.

Esto nos demuestra que la distopía que presenta Orwell en Rebelión en la granja, no se aleja tanto de nuestra realidad. Y que quizás esto es lo que ha hecho de Rebelión en la granja un clásico, que seguramente, hasta el fin de la humanidad, veremos esta fábula aplicable a nuestra sociedad.

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